Así son las Mañanas| Mediodía COPE| La Atalaya| La Linterna| Tiempo de Juego| El Partido de las 12| La Noche de COPE| Dos Días Contigo
PANTALLA GRANDE

La crítica de los estrenos de cine del 10 de febrero de 2012

OCIO. Análisis de los estrenos de cine de esta semana: Jerónimo José Martín y Juan Orellana comentan “War Horse (Caballo de batalla)”, “Declaración de guerra”, “El invitado”, “Star Wars. Episodio 1. La amenaza fantasma 3D”, “Papá, soy una zombi”, “Lo mejor de Eva”, “Three” y “The French Kissers”.

comentar  |   imprimir
J.J.M./J.O. - 10-02-12

La crítica cinematográfica en La Linterna por Jerónimo José Martín, presentador junto a Juan Orellana de Pantalla Grande:

War Horse (Caballo de batalla) (War Horse) **** (7,5). “War Horse (Caballo de batalla)” es la adaptación de una novela que escribió Michael Morpugo en 1982 y que luego conoció una versión teatral de Nick Stafford en 2007. De ambas obras han bebido Steven Spielberg y sus guionistas Lee Hall y Richard Curtis para llevar esta historia de un caballo, Joey, y de sus sucesivos dueños, con sus dramas personales y familiares. Joey nace en una aldea de Devon, y enseguida se encapricha de él el joven Albert Narracott, el hijo de unos granjeros, Ted y Rose. Le cuida y le educa hasta que llega la Gran Guerra, y el caballo es reclutado por el Ejército, que se dispone a cruzar el Canal para combatir a los soldados del Kaiser en tierras francesas. Así, Joey cambia de manos y pasa a ser de un oficial honesto que le promete a Albert que se lo devolverá… si sobrevive para hacerlo. El caballo irá de mano en mano hasta un final apoteósico, que debe desvelarse en la sala de proyección. La película conjuga defectos y virtudes. Entre los defectos, el primero es su excesiva duración, causada por algunas escenas prescindibles, sobre todo en su parte central. Por otra parte, la grandiosidad del caballo es excesiva. Se le otorgan virtudes casi humanas, y algunas escenas que protagoniza rayan el esperpento. También resulta inverosímil que todos los personajes, franceses y alemanes, hablen inglés. Sin duda, Spielberg quería evitar los subtítulos en una cinta de público familiar, pero ello le resta realismo y credibilidad. Las virtudes de la película se refieren a la forma y al fondo. Spielberg rueda magníficamente y consigue imágenes portentosas, ayudado por la bella fotografía de Janusz Kaminski y una espléndida dirección artística. Spielberg dirige con fuerza a los actores, entre los que destaca Emily Watson, Celine Buckens, Niels Arestrup y Peter Mullan. Como siempre en Spielberg, bajo el guión existe un convencimiento antropológico positivo. La mayoría de los personajes hacen gala de una humanidad y nobleza a prueba de bombas. Las mujeres que aparecen son fuertes, valientes e insobornables. Además, la película ensalza con emotividad las relaciones familiares, la capacidad de sacrificio, el heroísmo en la guerra y también una cierta religiosidad. En conjunto estamos ante una buena película, que demuestra que Steven Spielberg sigue en forma y que es capaz de reivindicar sin escrúpulos valores que hoy muchos consideran periclitados. Aunque la historia sea originalmente británica, “War Horse (Caballo de batalla)” es un filme esencialmente americano, que apuntala todos los temas que hicieron del cine clásico de Hollywood un cine universal e inmortal. J. O.

Declaración de guerra (La guerre est déclarée) *** (7). La actriz y directora francesa Valérie Donzelli (“La reine des pommes”) y su esposo, el actor Jérémie Elkaïm, sufrieron hace poco tiempo una enfermedad grave de su hijo Gabriel. Superada con éxito, decidieron hacer una película que, sin ser autobiográfica, expresara la experiencia que para la pareja supuso aquella dura prueba. Así que Valerie se puso detrás y delante de la cámara, junto a su marido y su hijo, aunque éste sólo protagoniza las escenas en las que el niño ya tiene ocho años. Estamos, pues, ante la enésima cinta de la temporada que aborda la enfermedad de un hijo. Pero, en este caso, al tratarse de un bebé, el peso dramático gira en torno a la pareja: sus sufrimientos, dudas, altibajos, coraje y voluntad de luchar. Los protagonistas no son creyentes, y todo gravita sobre su fuerza de voluntad. De todas formas, y a pesar de la soledad de fondo que trasmiten —al carecer de un significado para la vida y para la muerte—, los personajes están llenos de frescura e ímpetu vital. Y es que la gran virtud del filme es su espontaneidad, su naturalismo desenfadado, su canto a la vida. La interpretación y la puesta en escena son muy acertadas, y consiguen una inmediata complicidad del público. Hay momentos muy brillantes y, en el fondo, se ofrece un cóctel de géneros: desde el musical al drama, pasando por la comedia y el realismo mágico. Y, afortunadamente, nunca se cae en excesos melodramáticos. Sin embargo, el desenlace es agridulce y le lleva a preguntarse al espectador en qué consiste realmente la victoria sobre la muerte. En todo caso, la película ganó los premios a mejor película, actor y director en el último Festival de Gijón, y ahora es candidata a seis Premios César de la Academia Francesa de Cine, incluidos los más importantes. J. O.

El invitado (Safe House) *** (6,5). Matt Weston (Ryan Reynolds) es un joven y ambicioso agente de la CIA que está agotado de supervisar un piso franco de la agencia en Ciudad del Cabo, donde nunca pasa nada. Hasta que un día llevan allí detenido a un mítico ex agente, Tobin Frost (Denzel Washington), que ha vendido secretos de Estado a media humanidad, y que es violentamente perseguido por otros espías no identificados que asaltan el piso franco a sangre y fuego. Matt huye con Tobin como puede, y emprende una huida trepidante, sin reglas ni protocolos, con un único objetivo: salvar como sea a su “invitado”. Después de triunfar internacionalmente con “Dinero fácil”, Daniel Espinosa debuta en Hollywood con “El invitado”, thriller frenético en el que el joven cineasta sueco de origen chileno muestra su admiración por directores del género de los años 70, como John Frankenheimer o John Schlesinger, y por realizadores latinos actuales como Alejandro González Iñárritu, Alfonso Cuarón o Fernando Meirelles. El resultado de esas sugerentes influencias es una película sin respiros ni caídas de ritmo, marcada por un violento hiperrealismo —algo excesivo pero muy eficaz—, y cuya falta de originalidad argumental se disimula con la poderosa presencia de Denzel Washington y Ryan Reynolds, que exprimen dramáticamente a sus personajes en su memorable duelo interpretativo. Elogio especial merece la vibrante banda sonora de Ramin Djawadi, que se completa con una magnífica selección de canciones. J. J. M.

Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma 3D (Star Wars: Episode I – The phantom menace 3D) *** (6,5). Se reestrena en formato estereoscópico la primera “precuela” de la mítica saga iniciada con “La Guerra de las Galaxias”. Relata la iniciación infantil, como caballero Jedi, de Anakin Skywalker (Jake Lloyd), el futuro Darth Vader. Tendrá como maestros al veterano Qui-Gon Jinn (Liam Neeson), al todavía aprendiz Obi-Wan Kenobi (Ewan McGregor) y a la reina Amidala (Natalie Portman), cuyo pacífico planeta Naboo ha sido invadido por tropas de la Federación, incitadas por Darth Sidious, un Jedi entregado al lado oscuro de la Fuerza. Completan el elenco principal Darth Maul (Ray Park) —cruel sicario de Darth Sidious— y Jar Jar Binks, un torpe ser anfibio que ayuda a Anakin y compañía. Ya fue discutida en su estreno esta película, cuyos defectos han quedado más patentes con el paso del tiempo y ahora con esta versión 3D, que sólo potencia un poco sus pasajes más espectaculares, como la persecución subacuática, la carrera de vainas o las batallas espaciales. Trece años después de su estreno, queda claro que la incipiente ambigüedad de Anakin y Amidala no logra los sugestivos tonos grises que aportaba Han Solo (Harrison Ford). Y, sobre todo, pesa más su trama lineal e imitativa, su desmitificadora explicación biológica de la Fuerza y el infantilismo de Jar Jar Binks, cuya animación resulta muy pobre en comparación con las maravillas actuales. De todas formas, la película de George Lucas (“THX1138”, “American Graffiti”, “La Guerra de las Galaxias”) se mantiene como un imaginativo espectáculo visual y sonoro para todos los públicos, y con una equilibrada mezcla de fantasía heroica, ciencia-ficción, western, cine de aventuras, comedia, drama y romance. Un cóctel sabroso para los fans de la saga y los cinéfilos nostálgicos. J. J. M.

Papá, soy una zombi *** (6,5). Dixie es una adolescente rebelde y arisca, que adopta una oscura apariencia gótica y una actitud pesimista como reacción al divorcio de sus padres y al ingenuo optimismo de su padre, un buen hombre que trabaja como embalsamador de cadáveres. Humillada por sus compañeras de clase y por su novio, Dixie manifiesta su deseo de no vivir y, en efecto, despierta como una zombi en un extraño cementerio únicamente habitado por una gafe princesa egipcia, fallecida hace siglos. Ambas emprenden un viaje con el fin de abrir una puerta hacia el mundo real con la ayuda de un mítico amuleto, que lleva Dixie en su calavérico cinturón. Pero también ansía ese objeto una malvada bruja, que lanza tras ellas a sus espeluznantes ángeles negros. Este largometraje de Joan Spinach y Ricardo Ramón padece una animación 3D con fondos pobres y movimientos muy artificiales. Sin embargo, los diseños de personajes son imaginativos y expresivos, y la ambientación general del filme funciona en su descarada imitación de los universos fantásticos de Tim Burton, sobre todo en películas como “Eduardo Manostijeras” o “La novia cadáver”. A esto se añade un guión no demasiado original, pero ágil, divertido, muy bien doblado y finalmente positivo en su reivindicación del optimismo como la mejor actitud vital. Queda así un estimable entretenimiento familiar, algo macabro pero sugestivo, que quizás ponga en aprietos a “Arrugas” en la lucha de ambas producciones por el Goya al mejor largometraje de animación. Por lo pronto, “Papá, soy una zombi” ganó el Premio Enfants Terribles en la 49 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón. J. J. M.

Lo mejor de Eva ** (4,5). Eva (Leonor Watling) es una juez rigurosa y brillante, traumatizada por la dura educación que le dio su padre, y que ha sacrificado su vida privada en aras del triunfo profesional. Ahora debe instruir el proceso más importante al que se ha enfrentado: el asesinato de una bailarina de striptease rumana, cometido, según todos los indicios, por Peña (Helio Pedregal), un rico y mafioso empresario que ya ha salido absuelto en varios casos de corrupción. Pero una noche llega a su casa Rocco (Miguel Ángel Silvestre), un inteligente y simpático gigoló, que conocía a la bailarina asesinada. Tras despuntar con “Mi hermano del alma” y “Éxtasis”, el catalán Mariano Barroso fue perdiendo fuelle en “Los lobos de Washington”, “Kasbah” y “Hormigas en la boca”. Ahora confirma esa tendencia descendente en “Lo mejor de Eva”, un thriller espeso y con alta carga erótica, que casi nunca implica al espectador. Barroso mantiene su personalidad visual —gracias, en gran medida, a la fotografía de David Omedes— y dirige bastante bien a sus excelentes actores. Pero ni ellos ni él logran dotar de autenticidad a un guión demasiado artificioso en sus propuestas melodramáticas y demasiado tópico y vulgar en sus morbosidades sexuales, que ralentizan aún más un ritmo ya de por sí muy denso. J. J. M.

Three * (3). La presentadora televisiva Hanna (Sophie Rois) y el ingeniero de artistas Simon (Sebastian Schipper) son una hastiada pareja de cuarentones que conviven en Berlín desde hace quince años. Ambos conocen por separado a Adam (Devid Striesow), un carismático investigador de células madre embrionarias, procedente del Este de Alemania. Y ambos se enamoran de él. Cuando ella se queda embarazada, la pregunta es obvia: ¿quién es el padre? La publicidad de esta demoledora película del alemán Tom Tykwer (“Corre, Lola, corre”, “En el cielo”, “The International”, “El perfume”) reza: “Imagina todas las posibilidades”. Se supone que de las diversas combinaciones sexuales que prueban los patéticos protagonistas en su ansia por aliviar el tedio que les domina. Tykwer los muestra sin ninguna perspectiva moral o, más bien, asumiendo con frívola complacencia las ideas más radicales de la ideología de género respecto al permisivismo sexual, el matrimonio, el aborto, la fecundación in vitro y la investigación con embriones. Todo ello, expuesto con explícita morbosidad, una caótica puesta en escena experimental y un tono discursivo y pseudointelectual, a menudo pedante. J. J. M.

The French Kissers (Les beaux gosses) * (3). Hervé (Vincent Lacoste) es un adolescente francés decididamente pringado, poco agraciado físicamente y tan desbordado por sus impulsos sexuales como su extrovertido amigo Camel (Anthony Sonigo). En su obsesión por salir con una chica, Hervé va de fracaso en fracaso, hasta que un día descubre que Aurore (Alice Trémolière), una de las más guapas de su clase, está enamorada de él. A partir de ese momento, la vida de Hervé cambiará radicalmente. En este su primer largometraje, el famoso dibujante francés Riad Sattouf da continuidad a la demencial visión de la adolescencia que ofrece en sus comics. De modo que se limita a hilvanar sin orden ni concierto tópicas situaciones supuestamente cómicas —más bien son lamentables— en torno a la explosión hormonal de esa edad, con el sexo como única motivación de los personajes, y expuesto además con un impudor y una frivolidad muy irritantes. De poco sirven la frescura narrativa de Sattouf y la naturalidad de sus jóvenes actores. J. J. M.

 

* campos obligatorios

TU COMENTARIO:

Normas de uso

Cartel promocional de War Horse (Caballo de batalla)

Línea Editorial COPE
PUBLICIDAD
Los Pasillos del Poder
PUBLICIDAD
© Cadena COPE 2010
Radio Popular S.A. - COPE. CIF A28281368, C/ Alfonso XI, 4. 28014, Madrid. Todos los derechos reservados. Aviso Legal